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LiMux, el proyecto para llevar Linux a más de 14.000 ordenadores que acabó volviendo a Windows con el rabo entre las piernas


Durante años, Múnich fue el gran escaparate europeo del software libre. La ciudad alemana decidió abandonar Windows, desarrolló su propia distribución basada en Linux y llegó a tener más de 14.000 ordenadores municipales funcionando con LiMux. El problema es que terminó gastando casi 100 millones de euros en volver a Windows.

En 2012, el proyecto incluso presumía de haber ahorrado más de 10 millones de euros frente a una alternativa basada en Windows y Microsoft Office. Sin embargo, la historia dio un giro inesperado cuando, en 2017, la corporación municipal votó para volver a una infraestructura basada en Windows, poniendo fin a uno de los experimentos de software libre más famosos de Europa.

Esto lo hizo tras pasar años sufriendo problemas organizativos, incompatibilidades, críticas internas y una batalla política en la que Linux fue simplemente una excusa para pelear.

Todo empezó porque Múnich quería dejar de depender de Microsoft

El ayuntamiento de Múnich utilizaba Windows NT 4.0 a principios de los años 2000. Su problema es que, cuando Microsoft anunció el final de su soporte, se encontraron ante una migración prácticamente obligatoria hacia nuevas versiones de Windows.

El entonces alcalde Christian Ude lo veía como un problema económico, pero también como un problema de dependencia de un único proveedor tecnológico. En 2003, el Ayuntamiento decidió dar el salto al software libre y comenzó el proyecto LiMux.

La idea era cambiar Windows por Linux en miles de ordenadores municipales, además de utilizar herramientas abiertas para las tareas de oficina. No era únicamente instalar una distribución ya disponible, era crear una propia adaptada a las necesidades de su administración, junto con herramientas y procedimientos propios.

Interfaz de escritorio del sistema operativo LiMux con fondo gris y silueta urbana.
Aspecto visual de LiMux, la distribución de Linux utilizada por la administración de Múnich, mostrando su configuración de escritorio y accesos directos.

En 2013 había más de 14.000 ordenadores funcionando con LiMux

Un documento oficial de contratación de Múnich de 2013 señalaba que más de 14.000 puestos de trabajo habían sido migrados a una distribución basada en Linux. Por aquel entonces, se vendía la migración a LiMux como un éxito sin precedentes.

La ciudad confirmaba que había superado sus principales objetivos y calificaba la iniciativa como un proyecto referente mundial para demostrar que una migración de ese tamaño hacia estándares abiertos era posible.

También presentaron los costes de todo eso. LiMux había costado aproximadamente 23 millones de euros, mientras que una configuración equivalente con Windows y OpenOffice habría rondado los 30 millones. Si hubieran usado Office, la cifra superaría los 34 millones. Eso arrojaba más de 10 millones de ahorro.

Entonces empezaron los problemas

Y lo que parecía un cuento de hadas con final feliz, se fue torciendo poco a poco. La Administración no funcionaba únicamente con un sistema operativo. Dependía de cientos de aplicaciones especializadas, documentos compartidos con otras instituciones, macros, formatos propietarios, programas desarrollados para Windows y procesos administrativos acumulados durante décadas.

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