
Hoy día nos hemos habituado al uso de la nube para transferir archivos entre nuestros distintos dispositivos. Pero lo cierto es que nos complicamos en exceso para algo que es, en realidad, mucho más simple. Un método que usábamos hace más de 20 años sigue siendo tan útil hoy como antaño.
A medida que pasan los años y adoptamos nuevos recursos tecnológicos en nuestro día a día comprobamos algo evidente: nos gusta complicarnos. Porque por mucho que algunos avances resulten útiles, otros no mejoran la tecnología que ya usábamos en el pasado. Y de esto, hay muchos ejemplos. En parte lo provocamos porque nos “aburrimos” de hacer lo de siempre y buscamos nuevos recursos que, al final, tampoco mejoran tanto lo que ya teníamos. Con la transferencia de archivos es algo muy evidente.
El uso de la nube
La nube nos proporciona versatilidad, porque subimos un archivo a nuestra cuenta de almacenamiento y tenemos el archivo disponible en todos los dispositivos conectados. No está mal, es un buen recurso. Pero, primero, necesitamos un almacenamiento online que se puede agotar. Y, segundo, no estamos teniendo un control totalmente privado de nuestros archivos. Porque por mucho que pensemos que todo es confidencial y privado, cuando algo está en la nube, ya se encuentra online. Y eso puede significar muchas cosas.
Es posible que ya te hayas encontrado más de una vez con el problema de no tener espacio suficiente en la nube o que necesites transferir archivos demasiado grandes. En otros casos, tu interés puede ser no dejar ningún rastro en cuanto a lo que transfieres. Para todo ello, hay una alternativa.
Vuelve a usar FTP
Vamos a reactivar una parte de tus recuerdos que quizá hayas olvidado: los programas de FTP. Este tipo de software se usaba de manera común en el pasado y era normal que todo el mundo tuviera instalado una de sus herramientas. Usábamos FTP para transferir archivos entre nuestros propios dispositivos, pero también para compartir archivos con otras personas.
El FTP se usaba incluso en el entorno profesional. Antes de la nube, empresas del mundo del cine o de los videojuegos, como PlayStation o Disney, usaban programas de FTP. Tenían cuentas privadas para profesionales a las que se podían conectar en cualquier momento para descargar vídeos, fotos y cualquier otro tipo de material. Tener FTP, era el estándar. Hoy día todo eso ha cambiado por la nube y por servicios como Google Drive, pero en muchos de los casos no llega a tener demasiado sentido.
En términos de uso personal, el FTP sigue siendo la mejor opción. Por una parte, tendrás control máximo de la configuración de tu cuenta de FTP y de lo que pones en ella para compartir. Por otra parte, no tendrás que preocuparte de estar haciendo mil clics para descargar los archivos que quieras. Con un FTP todo se transmite tan fácil como seleccionar lo que quieres descargar y pulsar en el botón del programa para hacerlo o incluso arrastrar los archivos. Luego puedes dejarlo enchufado y que todo se descargue tranquilamente sin estar pendiente de nada.
A diferencia de la nube, donde a veces las descargas son bastante lentas y molestas, en el FTP se alcanzan niveles de velocidad máximos. Como todo funciona con un sistema de carpetas al estilo Windows, podrás organizar tu FTP de una manera extremadamente sencilla.
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